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MI PRIMER AMOR: CLAUDE MONET (spanish version only)

24 enero, 2019

Mi primera profesora de arte se llamó Sonia. Ella me regaló dos libros, los cuales todavía atesoro: «Cómo se mira un cuadro» y «Linnea en el jardín de Monet». Ambos marcaron mi vida para siempre. Tanto fue así que cuando me preguntaban qué quería ser de grande decía «pintora». No veterinaria, no maestra. Pintora. Era tan chica que no recuerdo si sabía leer siquiera ya que me los leía mi mamá antes de irme a dormir. Así, cada noche mi mente viajaba a Giverny (Francia), donde se encuentra dicho jardín.

Para mis quince años no quería una fiesta ni un viaje a Disney. Quería pisar ese puente japonés que tantas veces repliqué con lápices, témperas, acuarelas y acrílicos. Recuerdo la primera vez que vi un Monet original, en un museo en San Pablo (Brasil). Tendría unos 5 años. Finalmente, a los 27 cumplí mi sueño, en una cita conmigo misma. Porque así sentí que tenía que ser. Nadie iba a entender mi absoluta emoción más que yo. Me tomé un tren, alquilé una bici y fui pedaleando por el campo, aquellos mismos paisajes impresionistas que él también supo ver. Nunca me voy a olvidar el viento en mi cara, mis nervios y mis lágrimas durante ese trayecto.

Llegué. Entré. Y me quedé todo el día: de la casa al jardín, del jardín a la casa. Dormí una siesta al sol. Repasé cada rincón, su habitación, su atelier, como queriendo reproducir sus pasos y sus pensamientos. Finalmente, después de muchos años, jugué a ser Linnea en el jardín de Monet como siempre soñé. Y así, una vez más, este señor despertó mis ganas de hacer.